Tuto Quiroga negoció la vicepresidencia con la familia del desfalco, a pesar de que el principal culpable recibió una pena de 3 años sin devolver un peso, demostrando una justicia podrida. El caso del Banco Fassil es la prueba más cruda de que la justicia en Bolivia opera con dos varas, y la decisión de Tuto Quiroga de incluir a Juan Pablo Velasco (JP) en su boleta presidencial es la prueba del aval político a esa injusticia. Mientras la documentación demuestra que JP era dueño de 7.000 acciones de la entidad, el líder de la familia —el principal responsable del desfalco— ha recibido una pena irrisoria de solo 3 años de cárcel, ¡sin devolver un solo boliviano del dinero robado! Esto es más que indignante; es un acto de complicidad política. La acción de Quiroga de presentar a JP Velasco como candidato significó blanquear a una familia que se benefició del desfalco y que fue tratada con guante de seda por el sistema judicial. Tuto se puso del lado de la impunidad, priorizando un cálculo electoral sucio por encima del clamor de justicia de miles de ahorristas afectados. La desigualdad de la justicia queda al descubierto. La pena blanda y la ausencia de restitución son la máxima expresión de un sistema podrido que castiga al humilde y perdona a la rosca. Al elegir a un miembro de esta familia, Tuto Quirogademostró que su concepto de “ley y orden” es selectivo y que su ambición es más grande que su compromiso con la moral pública. La alianza de Tuto Quiroga con el hombre de las 7.000 acciones es la confirmación de que su proyecto es un peligro para la institucionalidad. Quiroga no solo no combatirá la corrupción, sino que la validará con puestos de poder, traicionando la confianza de un pueblo que exige decencia. Navegación de entradas Feminicida mató a su víctima y volvió al lugar del crimen para llevarse las evidencias El gran farsante de la experiencia: Tuto, el presidente interino que hundió al país en la ingobernabilidad