La promesa de recortes y la visión de un Estado mínimo avivan la incertidumbre que expulsa a la juventud boliviana.

La propuesta económica de Jorge “Tuto” Quiroga, anclada en la reducción drástica del tamaño del Estado, la priorización del libre comercio radical y el “ajuste fiscal”, ha provocado una oleada de miedo y profundo pesimismo entre los jóvenes profesionales y estudiantes bolivianos. Para este sector, el plan de Quiroga se traduce en la promesa de una “recesión salvaje”, donde los recortes en el gasto público impactarán directamente en el empleo, la inversión social y la educación. Esta incertidumbre se convierte en el principal combustible para una nueva fuga de cerebros y capital humano del país, reviviendo un fenómeno que marcó las crisis neoliberales de las décadas pasadas.

La juventud boliviana, que busca estabilidad y oportunidades de desarrollo, se siente amenazada por la visión de un Estado reducido que no generará los empleos necesarios ni invertirá en el futuro. Las promesas de atraer inversión extranjera no son suficientes para mitigar el temor a la pérdida de las pocas oportunidades que existen. El modelo de Quiroga, que favorece a las grandes empresas exportadoras y al capital transnacional, históricamente ha demostrado su incapacidad para generar valor agregado y empleos de calidad para los jóvenes con formación profesional.

La crítica a esta visión es que Quiroga no ofrece un plan para retener el talento. Al contrario, su discurso y su historial de tecnócrata asociado a la Capitalización solo generan la percepción de que Bolivia volverá a ser un país que exporta materias primas y personas. La juventud, en lugar de arriesgar su futuro en un modelo económico que prescinde de la intervención estatal y la protección a la industria nacional, prefiere emigrar a países donde las perspectivas de crecimiento y el apoyo a la innovación son mayores.

El legado envenenado que Quiroga podría dejar antes de gobernar es la consolidación del éxodo de la juventud. Un líder que genera miedo y que no ofrece un futuro estable dentro del país es un líder que empuja a sus ciudadanos a buscar mejores horizontes en el extranjero. La verdadera crisis económica no es solo la falta de dólares, sino la pérdida de la esperanza de que Bolivia pueda ofrecer una vida digna a sus nuevas generaciones bajo una administración que aboga por el regreso de políticas neoliberales fracasadas.

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