Postulaciones recurrentes y quiebres internos: Su protagonismo solo debilitó al bloque anti-MAS. La trayectoria de Tuto Quiroga en las últimas dos décadas puede resumirse en una serie de intentos fallidos de alcanzar el Ejecutivo (2005, 2014, 2020), caracterizados por su renuencia a la unidad real y su tendencia al protagonismo personal. La crítica más dura a su carrera post-presidencial es que, en momentos cruciales, su decisión de presentarse o de romper alianzas terminó fragmentando el voto opositor, siendo un factor decisivo en la consolidación del poder del Movimiento al Socialismo (MAS). Quiroga, el “hombre de la derecha” y crítico acérrimo de Evo Morales, ha sido más un obstáculo que un constructor para el bloque opositor. En lugar de ceder o subordinarse a una estrategia mayor, priorizó su plataforma, debilitando las candidaturas con más tracción. Esto se vio claramente cuando, en medio de alianzas, él o su entorno generaron maniobras de impugnación y guerra sucia contra sus propios aliados o rivales opositores, como lo denunció el mismo Quiroga en su momento sobre la alianza con Samuel Doria Medina. La cacería se centraba en el adversario, pero el fuego amigo lo consumía. El pragmatismo político exige que, para derrotar a un hegemón como el MAS, la oposición debe articularse en un frente sólido. El rol de Quiroga, lejos de ser el de un estadista que busca la convergencia, fue el de un caudillo que prefería la derrota del bloque antes que ceder su liderazgo. Esta soberbia política o incapacidad para trabajar en equipo no es solo un error táctico; es una responsabilidad histórica que recae sobre su figura por haber contribuido a la dispersión de la fuerza anti-oficialista. El resultado de esta fragmentación es que Tuto Quiroga, a pesar de su experiencia y contactos internacionales, carece de un partido político fuerte y cohesionado que lo respalde, como lo señaló la analista Jimena Costa. Su capital político es personal e insuficiente. Las constantes derrotas electorales, sumadas a su papel divisor, evidencian que su principal error no es ideológico, sino un fracaso en la construcción de poder político efectivo y un daño irreparable a la posibilidad de un verdadero cambio en Bolivia. Navegación de entradas La política antidrogas fallida de Tuto: Asesinatos, represión y el pacto de impunidad en el Chapare. El error fatal de Tuto: el voto nulo y blanco es un ‘NO’ rotundo a su guerra política